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domingo, 4 de abril de 2010

Silencios



¿A qué sabe el silencio o a qué huele? ralentizaste tu tiempo en la vida, o lo aceleraste. Vas con prisa por llegar y nunca ves la meta, o te paraste y se bifurcaron los caminos en otros tantos destinos, que provocaron que el rumbo se torciera y quedara perdido en un galimatías de laberinto, y por más que intentas dar con la salida, te despiertas y sigues en el punto de partida. Además, ves manos que te sujetan y frenan tu avance. Son reales o las has creado tú por miedo, zancadillas u odios. Libertades sin puerta de entrada, cavan tu hoyo. 


Siéntate en el sofá bien hundido, con ese calor y esa sensación de seguridad tan familiar, ese punto donde nadie llega y nadie te puede dañar. La zona de confort que has creado. 

Así pasan los años, los siglos, las vidas; las mentes privilegiadas usaron su pensamiento para salir a la luz, para destacar, creando la imagen en su mente, de lo que deseaban para sí mismos. Los demás no habíamos aprendido hasta hace un poco menos de un siglo, que se podía llevar a cabo tamaña hazaña. Ahora este secreto es una voz en grito, en todo el mundo. Ahora sabes que, desde el primer día de tu existencia, puedes borrar los dichos familiares que no te convengan, que te han inculcado y te has ido creyendo, herencias incorrectas, que nuestros padres aprendieron de sus antepasados. 

Tu mente debe estar dominada sólo por ti, es tan dulce seguir ese paso cuando sabes que no hay otro, y que nadie te va a desencaminar. Siempre, busca ayuda cuando la necesites, no estás sólo en el mundo.

©Yolanda Del 


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