ImaginaVital: El Manuscrito de los seis poderes. Anónimo
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El Manuscrito de los seis poderes. Anónimo

Hacia 1646, naci√≥, de una pareja constituida por una marinero y una amante mujer, un joven que, hubo de padecer, a temprana infancia, no s√≥lo el caos de la orfandad, sino y a la vez, los vej√°menes de la fraudulencia, siempre humana. Cien a√Īos m√°s tarde, hacia 1746, y antes de morir, dese√≥ dejar por escrito aquello que, habi√©ndolo descubierto durante su vida, pudiese servir a las generaciones venideras, como herencia.

Es pues, un testamento, un Acto, legado de un padre, con lo que hemos de encontrarnos, en esta historia. Acto con el que, un anciano, inscribe, para nosotros, el modo como √©l sali√≥, el modo como √©l pudo dar el paso hacia el lugar al que, humanamente hemos dado en llamar, UN HOMBRE.

No fue f√°cil, pas√≥ penurias, y atajos hasta el “delirio”, antes de encontrar su verdad, la verdad de s√≠ mismo, y la verdad de todos. Verdad que, si bien cada quien puede encontrar, a su modo, pocos son los que se animan a, saberla, analizarla, publicarla, inscribirla. El valor del ACTO TESTAMENTARIO dice, de la inscripci√≥n de ese paso antes nombrado, y de otro paso m√°s de este HOMBRE, que lo lleva al lugar de PADRE.
Un padre que piensa en los hijos, siendo estos, no precisamente aquellos que ha engendrado, de los cuales es adem√°s progenitor, sino de aquellos que, por las generaciones, lo seguir√°n. Lo seguir√°n, s√≠. Sin necesidad de escuelas, instituciones, quejas o castigos. Lo seguir√°n, porque simplemente, transmite, lo humano a los humanos, y su modo, de √©l, de salir del vejamen de la repetici√≥n en que se hab√≠a instaurado como v√≠ctima y sufriente, repetici√≥n √©sta tan humana como, la verdad misma y los lugares a los que da paso, su revelaci√≥n.

Asistamos pues, sentados alrededor del calor de fuego paterno, en una noche de oto√Īo a la luz de la luna, a la historia de un HOMBRE que adem√°s fue, PADRE. Noche de la que saldremos, rejuvenecidos y... otros, nuevos, pues, recibiremos la herencia que, por siglos, nos estaba predestinada.

Mi experiencia de vida me ha ense√Īado que existe un secreto para el √©xito; √©xito tanto en el plano material como en el √°mbito de bien-estar interior. El secreto est√° reservado a aquellos que tienen la sabidur√≠a de aceptarlo o, que lo poseen naturalmente. Como el n√ļmero de mis d√≠as sobre esta tierra est√° contado, he decidido legar, a las generaciones que me seguir√°n, el saber que poseo, sea cual sea su forma d e expresi√≥n.

No me excusar√© por mis maneras, mis palabras o mi falta de talento literario, √©ste √ļltimo ¡habla por s√≠ mismo!. Mis herramientas habituales eran mucho m√°s pesadas que una pluma y, para acabar de ajustar, el peso de los a√Īos se siente en mis manos y en mi cerebro; de modo que, mientras pueda, les relatar√© los hechos, y lo que, a mi juicio es lo m√°s importante. ¿Por qu√© es importante? ¿C√≥mo alterar la balanza sin da√Īar el fruto? ¿C√≥mo nutrirse de √©l? Puedo encontrar las circunstancias precisas en mi camino de vida. En un hombre de mi edad, los recuerdos de su infancia son m√°s frecuentes que los de sus percepciones m√°s recientes. Lo importante no es, pues, c√≥mo voy a expresarme, sino la idea que expreso, suponiendo que ella sea valiosa y les aporte una ayuda significativa.

Mucho tiempo le di vueltas en mi cabeza a la cuesti√≥n de saber c√≥mo entregarles esta receta del √©xito que me ha sido dada descubrir. Lo mejor ser√° sin duda entreg√°rsela tal y como ella me fue revelada. Esto quiere decir, que est√° en relaci√≥n con la historia de mi vida. Es como una receta de cocina cuyos ingredientes, el modo de preparaci√≥n y la saz√≥n del plato son f√°ciles de realizar. Que as√≠ sea, y que los hombres nacidos despu√©s de que yo me haya ido, puedan bendecirme por haberles legado este secreto.

A√Īo de 1742
Testamento del autor
No se enceguezcan de entusiasmo. Mi padre era un buen marinero que, muy tarde en su vida, se enrol√≥ en el oficio de cultivador. Se instal√≥ en una plantaci√≥n en la Colonia de Virginia. Algunos a√Īos m√°s tarde, nac√≠ yo, en 1642. Hace ya 100 a√Īos de eso. De hecho, mi padre hubiera hecho mejor si hubiera seguido los consejos de mi madre -quedarse en un trabajo para el que su formaci√≥n lo hab√≠a preparado-, pero √©l prefer√≠a cambiar el buen nav√≠o que pose√≠a y del que era el capit√°n por la plantaci√≥n de la que les habl√©. Es lo que me trae el...

PRIMER PODER:
Debe uno dejar de enceguecerse por los argumentos de una ocasi√≥n que se presenta, y acordarse, en la ocasi√≥n, que un mill√≥n de magnificas promesas pesan nada, en relaci√≥n con la posesi√≥n de una sola pieza de dinero.

Cuando ten√≠a 10 a√Īos, el alma de mi madre toma su vuelo, y 2 a√Īos m√°s tarde mi bien amado padre; la sigue. Como yo era su √ļnico hijo, qued√© solo. Los amigos de mis padres me dieron cuidados, alg√ļn tiempo. De hecho, me ofrecieron un lugar bajo su techo: un beneficio que yo aprovech√© durante cinco meses. De los bienes de mis padres, nada qued√≥: pero... con la experiencia de los a√Īos, comprend√≠ mas tarde, que esos, sus amigos, que me acogieron alg√ļn tiempo, los hab√≠an defraudado- y que por consecuencia, me hab√≠an hecho da√Īo.

Desde la edad de 12 a√Īos y hasta los 23 a√Īos, no les hablar√© de mi vida, no servir√≠a de nada a mi prop√≥sito. Pero poco tiempo despu√©s, teniendo en mi posesi√≥n, 16 guineas, que hab√≠a economizado del fruto de mi trabajo, tom√© un barco para Boston, en el que trabaj√©, a bordo, como carpintero, luego, como carpintero marino. No obstante haber trabajado siempre en los nav√≠os en el malec√≥n, el mar no me era saludable.

La suerte no puede ser retenida m√°s que por la fuerza. La suerte sonr√≠e alguna vez incluso a los que se destinan a ser v√≠ctimas del car√°cter perverso. En todo caso fue as√≠ para m√≠. Conoc√≠ la prosperidad, y con s√≥lo 27 a√Īos era ya el propietario de la empresa para la cual yo trabajaba anteriormente. La suerte es una amante que debe ser conquistada. Ella no se entrega a los indecisos. Es lo que deb√≠a asimilar como el...

SEGUNDO PODER:
La suerte es caprichosa, y no puede ser retenida sino por la fuerza. Tr√°tela con dejadez, y ella te excluir√° para preferir a otro m√°s fuerte que t√ļ (al menos conmigo, ella se comporta as√≠, como muchas mujeres que conoc√≠).
En ese momento, “Desastre” (que es uno de los heraldos de los esp√≠ritus indecisos y de las promesas no cumplidas) me vino a visitar. El fuego quem√≥ todo mi taller, no dejando otra cosa que deudas y, no ten√≠a yo la menor pieza para liberarme de ellas.

Ensayaba yo: negociar con mis acreedores, pedir ayuda a mis amistades, tratar de volver a partir de cero, pero nada logr√©. El fuego hab√≠a, parece ser, no s√≥lo consumido mis bienes, sino tambi√©n la simpat√≠a que por m√≠ se ten√≠a. As√≠, en poco tiempo, no solamente hab√≠a perdido todo, sino que ten√≠a tambi√©n deudas con mis proveedores, y ellos me hicieron poner, por tal raz√≥n, en prisi√≥n.

Este apartado est√° hecho para los m√°s profundos. Escucha bien: “En silencio me preguntaba, ¿C√≥mo salir de tal repetici√≥n?, De esa repetici√≥n del ser v√≠ctima del car√°cter perverso, misma del momento en que, al mis padres partir, quedase yo, s√≥lo, a manos de los “amigos”. Se lo dir√©.

El infortunio no existe sino en la tumba
Hubiera sin duda podido salir adelante, pero esta √ļltima indignidad; la prisi√≥n, me desmorona y me entrega al resentimiento. Al cabo de un a√Īo me dejan en libertad, pero ya no era yo, el mismo hombre optimista, feliz, contento de su suerte, confiado en las gentes y del mundo entero; que hab√≠a sido.

La vida tiene muchos caminos, y de lejos se ve que, la mayor√≠a de entre ellos llevan hacia abajo. Cualquiera que sea su inclinaci√≥n, ellos llevan al mismo lugar: el infortunio. Lo que me lleva al...

TERCER PODER:
El infortunio no existe sino en la tumba. El hombre cuando est√° vivo no es infortunado. Puede siempre hacer marcha atr√°s y retomar la cuesta. Y hay siempre una inclinaci√≥n m√°s f√°cil para ascender (aunque algunas veces m√°s larga) y m√°s adaptada a la situaci√≥n.

Tus compa√Īeros te influencian sin que t√ļ lo sepas
Como yo era un buen carpintero, encontr√© r√°pidamente empleo y con un buen salario, pero como hab√≠a degustado los frutos de la opulencia, la insatisfacci√≥n se apoder√≥ de m√≠. Me volv√≠ deprimido y amargado. Para consolarme, y olvidar todo lo que hab√≠a perdido, pasaba mis tardes en la taberna. No es que bebiese mucho alcohol, salvo en cada ocasi√≥n, (ocasiones que se presentaban seguido) y lo suficiente para tornarme alegre, ¡qu√© yo pudiese re√≠r!, ¡Charlar y cantar con mis compa√Īeros de infortunio! : y esto me lleva al...

CUARTO PODER:
Busca mejor la compa√Ī√≠a de los industriosos, pues los otros debilitar√°n tus energ√≠as. Con el m√°s m√≠nimo pretexto, me era placentero contar, la triste historia de todos los desastres que se hab√≠an abatido sobre m√≠, y decir las pestes que pend√≠an de aquellos que me hab√≠an abandonado en lugar de socorrerme.

Peor a√ļn, encontraba un placer pueril en robar a mi empleador, cada d√≠a, algunos momentos de mi tiempo de trabajo. Siendo esto, en mi opini√≥n, mucho m√°s deshonesto que un simple robo. Esta costumbre se acrecent√≥ tanto que lleg√≥ el d√≠a en que me despert√© sin trabajo y sin ganas de trabajar... lo que signific√≥ que me fue, en lo sucesivo, imposible encontrar trabajo, despu√©s del empleador de Boston.

En efecto, puedes estar enfermo de tu imaginación
Era en ese entonces cuando yo me consideraba un fracaso ambulante. Era como si fuera un caminante que, descend√≠a una cuesta, monta√Īa abajo, tropezando. M√°s que tropezar, el caminante rodaba y tomaba velocidad. Tambi√©n entend√≠ este estado, descrito con el nombre de Ismaelita, quien es, parece ser, alguien que quer√≠a al mundo entero, y quien cre√≠a que todo el mundo lo quer√≠a a √©l. He aqu√≠ entonces el...

QUINTO PODER:
Un Ismaelita y un leproso sufren del mismo mal a los ojos de los otros, pues ambos son abominaciones en opini√≥n de la mayor parte de los mortales –aunque hay grandes diferencia entre los dos: el primero puede reencontrar una salud perfecta. El primero se torna enfermo como efecto de su imaginaci√≥n; el segundo tiene el veneno en su sangre.

No voy a detenerme en la lenta degeneraci√≥n de mis energ√≠as. Nunca es bueno detenerse en sus infortunios (Aunque sea bueno acordarse para dejar la lecci√≥n). Me bastar√° decir que lleg√≥ el d√≠a en que no ten√≠a un c√©ntimo con que comprar ni un plato de comida, ni mi alojamiento, ni con qu√© vestirme.

Estaba pobre, me procuraba de tiempo en tiempo algunos peniques o incluso chelines, pero rostro, cuerpo y esp√≠ritu, demacrados y reducidos al estado de esqueleto. Mi estado era tan deplorable –no solamente por mi cuerpo- que, no era que pareciera, sino que era, era un enfermo al borde de la muerte, pero; m√°s por mi esp√≠ritu que por otra cosa. Me imaginaba v√≠ctima de ostracismo por el mundo entero hasta que, visiblemente, hab√≠a ca√≠do bien abajo. He aqu√≠ la...

SEXTA Y √öLTIMA LECCI√ďN a aprender (lecci√≥n que no puede ser expresada en una frase, ni siquiera en un p√°rrafo, pero que debe ser adoptada a partir del fin de esta historia):

Estamos habitados por dos entidades
Recuerdo bien, las circunstancias en las cuales estaba. Me despertaba a media noche. Mi lecho era una pila de tablas provenientes de un taller donde hab√≠a yo trabajado. El techo estaba hecho de con un tonel. La noche era fr√≠a, y estaba congelado aunque, parad√≥jicamente, hubiese so√Īado con lumbre y calor, y con la dilucidaci√≥n de buenas cosas.

Pueden decir, cuando les relate el efecto que mi visi√≥n tuvo sobre m√≠, que yo deliraba. Si fue as√≠, espero que muchos de mis lectores hayan de delirar tambi√©n, de la misma manera que yo, y es esta la raz√≥n por la que me lanc√© a la escritura de mi historia. Es el sue√Īo que me dej√≥ en la creencia... –de hecho, no en el conocimiento- de que yo estaba pose√≠do por dos identidades: y era la mejor de mis dos entidades la que me ofrece la ayuda que yo hab√≠a buscado, en vano, cerca de mis amistades. Escuch√© describir este estado, como de un “desdoblamiento”. Pero..., un doble no es m√°s que la copia del original, y ello, no describe la situaci√≥n que viv√≠. Voy a dejar de filosofar... Para m√≠ la filosof√≠a es vana si no desemboca en resultados concretos.

Para acabar de ajustar, no es el sue√Īo mismo el que tuvo efecto en m√≠. Es la impresi√≥n que me dej√≥, y la influencia que ejerci√≥ sobre m√≠, lo que me liber√≥ de mis grilletes. En otros t√©rminos, yo estimulaba mi otra identidad. Despu√©s de haber afrontado una tormenta de viento y nieve, vi a trav√©s de una ventana mi otra identidad. √Čl ten√≠a buena apariencia y respiraba salud. Ante √©l, brillaban las fogatas.

Emanaba de √©l, el poder y la fuerza. √Čl era musculoso tanto f√≠sica como mentalmente. Yo llam√© t√≠midamente a la puerta, y √©l me dijo: Entra. Pude leer una especie de sonrisa, como de burla, en sus ojos, mientras me alcanzaba una silla para sentarme ante el fuego. Pero no pronunci√≥ ni una palabra de bienvenida y, luego de haberme las tablas, quiz√° el modo de no olvidar mis posibilidades, pero ¡A qu√© precio!

Calentado volv√≠ atormentado a mi refugio, martirizado por la verg√ľenza que el contraste entre nosotros, hab√≠a despertado. Hab√≠a una presencia conmigo, invisible para los dem√°s. Es entonces, cuando me despert√©; y he aqu√≠ la parte sorprendente de mi relato: Al despertarme, no estaba solo. Hab√≠a una Presencia conmigo; invisible para los otros, como me daba cuenta, por lo que sigue, pero que era real para m√≠.
La Presencia se me parec√≠a, pero as√≠ mismo ten√≠a resplandecientes diferencias. Su frente, m√°s alta que la m√≠a, le hac√≠a parecer, as√≠ mismo, inflexible y pleno. Los ojos, claros, directos, determinados, brillaban de entusiasmo y de resoluci√≥n. Los labios, el ment√≥n, de hecho todo el rostro, eran due√Īos de s√≠ y decididos.

La Presencia era calma, resuelta, y segura de s√≠. Yo me encorvaba, lleno de temblor, nervioso, angustiado, inquieto con la m√°s m√≠nima sombra. Cuando la Presencia dio media vuelta, la segu√≠, y no la perd√≠ de vista toda una jornada, salvo en los cortos instantes en que yo no osaba franquear la puerta por donde la Presencia atravesaba. En esos casos yo esperaba con impaciencia y un respeto mezclado con temor, que √©l volviera a salir, no pudiendo impedirme admirar su temeridad, (¡se me parec√≠a totalmente!, Pero y a la vez, ¡era tan diferente!) Pues atravesaba sin dificultad los lugares por los que mis propios pasos no osaban llevarme.

Pareciera que fuera designado a ir por los lugares y ante las gentes que me hab√≠an hecho lo peor: oficinas con las cuales otrora hab√≠a hecho transacciones, hombres de negocios con los cuales hab√≠a pactado. A lo largo de toda una jornada yo hab√≠a seguido a la Presencia, y en la noche, lo vi desaparecer tras la puerta de una hosteler√≠a famosa por sus caros costos y su confort.

Retornaba yo a mi tonel y a mis tablas.
Esa noche no encontr√© a mi Mejor Yo (as√≠ es como yo lo nombraba) en mis sue√Īos, pero al despertarme, por suerte √©l estaba a mi lado, con su sonrisa calma, de gentil burla en los
labios, sonrisa que no era ni de piedad ni de condescendencia. Esa sonrisa me golpea de nuevo.

El d√≠a siguiente no fue distinto que el primero, una repetici√≥n del precedente, y deb√≠a yo, a√ļn, esperar afuera, mientras que la Presencia estaba en los lugares donde yo hubiera estado si hubiera tenido el coraje de ir all√≠. Es el miedo lo que separa de su cuerpo al alma de un hombre y lo torna despreciable. Numerosas veces, trat√© de deshacerme de todo eso, hablando, pero las palabras quedaban bloqueadas en mi garganta, ininteligibles: y el d√≠a terminaba como el anterior.

Me armo de coraje para hablarle a la Presencia
As√≠ fue durante muchos d√≠as, uno detr√°s del otro, hasta que ces√© de contarlos. Poco a poco me di cuenta de que esta asociaci√≥n constante con la Presencia ten√≠a en m√≠ efectos. Una noche que me desvelaba la Presencia a mi lado, tuve el coraje de hablarle, claro que, con timidez...
“¿Qui√©n eres t√ļ?” Le pregunt√©, y yo sobresaltado, me levantaba, ante el sonido de mi propia voz. La cosa parec√≠a dar placer a mi compa√Īero que, me respond√≠a con, me parec√≠a a m√≠, me nos burla que antes.
Yo soy quien yo soy” fue la respuesta. “Yo soy aquel que t√ļ has sido; yo soy aquel que t√ļ puedes ser a√ļn; ¿de d√≥nde viene tu duda? Yo soy aquel que t√ļ has sido, y que abandonaste prefiriendo otra compa√Ī√≠a. Soy el hombre hecho a la imagen de Dios, que, anta√Īo, pose√≠a tu cuerpo. Era el tiempo en que habit√°bamos juntos, no en armon√≠a, pues no es posible, ni unificados, pues esto es imposible, pero como los copropietarios que raramente se pelean por tenerlo todo para ellos. Luego te convertiste en un achacoso, ego√≠sta y exigente, como no pod√≠as tenerme m√°s, me separ√© de ti. Hay una entidad “positiva” y una entidad “negativa” en cada ser humano nacido sobre la tierra. Aquella que es favorecida por la encarnaci√≥n, domina: la otro termina por abandonar, temporalmente o, hasta siempre. Yo poseo todo lo que quiero. Nada es tuyo. Este cuerpo que habitamos los dos es m√≠o, pero es impuro y por lo tanto no puedo habitarlo. L√≠mpiate, y tomar√© de nuevo posesi√≥n”. “¿Por qu√© me persigues?” Pregunt√© enseguida a la Presencia. “Eres t√ļ quien me persigue, y no a la inversa. T√ļ puedes existir sin m√≠ durante alg√ļn tiempo, pero tu camino tornara sobre sus pasos, y su fin es la muerte. Ahora que te aproximas a la muerte, te preguntas si hab√≠a tiempo de limpiar tu cuerpo de nuevo y de invitarme. Descarta la voluntad e inteligencia de ese cuerpo, y podr√© tomar posesi√≥n. Es la condici√≥n indispensable”
“Todo es posible a la entidad positiva de un hombre”
“Mi cerebro ha perdido todo poder” murmur√© yo. “Mi voluntad est√° d√©bil. ¿Puedes t√ļ reparar todo eso?”
“¡Escucha!” Dijo la Presencia, y se estiraba mientras yo me encorvaba a sus pies.
TODO es posible a la entidad positiva de un hombre. El mundo le pertenece. Es su propiedad. Ella no tiene miedo de nada, no fuerza nada, no se detiene ante nada. Ella no demanda privilegio alguno, pero los obtiene. No domina y no sabe retroceder. Sus demandas son √≥rdenes; la oposici√≥n, funde a quien le dirige la palabra; ella levanta monta√Īas, cubre los valles, y viaja al lugar donde el infortunio no existe.”
Enseguida me dorm√≠ de nuevo, y, cuando me despert√©, estaba en un mundo diferente. El sol brillaba y yo, escuchaba los p√°jaros cantar por encima de mi cabeza. Mi cuerpo, ayer a√ļn tembloroso e incierto, estaba vigoroso y lleno de energ√≠a. Yo miraba mi lecho de tablas y mi tonel con una divertida perplejidad, como si los viera por primera vez, reconociendo el abrigo que ellos me hab√≠an deparado en las noches, no obstante.

El ayer pasó, el hoy es mío
Los acontecimientos de la noche revivieron mi esp√≠ritu, y buscaba la Presencia. No estaba m√°s visible, pero descubr√≠, agazapado en una esquina de mi refugio, achacosa, deformada, desfigurada incluso, esfumada y desecha, mi entidad negativa. Supe que mi entidad positiva hab√≠a tomado de nuevo posesi√≥n de mi cuerpo y consideraba al otro con burla y desprecio.
Pero no ten√≠a tiempo para detenerme sobre su suerte. Ten√≠a que hacer – mucho que hacer-. ¡Raro que no haya pensado en el d√≠a anterior!. Pero el ayer era el pasado, el hoy era m√≠o, y apenas comenzada.

Como era mi costumbre, anteriormente, yo dirig√≠a mis pasos hacia la taberna. Salud√© a todo el que entraba, sonre√≠a a los saludos que retornaban.
Los hombres que me hab√≠an ignorado durante meses me saludaron con afecto al pasar. Me dirig√≠ hacia el ba√Īo, luego, hacia la mesa del desayuno; enseguida, cuando pas√© ante el mostrador, dije al propietario:
“Quiero ocupar la misma pieza que ten√≠a antes si, por suerte, est√° disponible. En caso contrario, no importa qu√© otra ocupe, mientras desocupan mi pieza”

Me puse a trabajar sin formular pregunta alguna. Luego, sal√≠ y me fui hacia arriba, hacia el lugar que me correspond√≠a en el taller. En la construcci√≥n hab√≠a un gran remolque que los hombres cargaban con toneles para botar. No formul√© pregunta alguna, pasaba toneles a los hombres que los apilaban. Cuando se termin√≥, esta tarea, entr√© en el taller. Hab√≠a un banco libre. Me di cuenta de las cosas all√≠ apiladas. Era el mismo banco en el que otra vez hab√≠a yo, trabajado. Arremangu√© mi camisa y quit√© los objetos que obstaculizaban para el trabajo. Un momento m√°s tarde estaba cepillando y tallando. Hab√≠a terminado, hac√≠a ya m√°s de una hora, cuando el contramaestre entr√≥ en la pieza, y se detuvo, sorprendido de verme ah√≠. Hab√≠a ya un bella pila de pedazos de madera perfectamente cepillados y ajustados, pues en ese tiempo yo era un excelente carpintero: de hecho, no hab√≠a otro mejor, pero, ¡OH! la edad me ha quitado ese privilegio. Respond√≠ a su muda pregunta con esta corta pero expl√≠cita frase:
“Estoy de retorno al trabajo, Se√Īor”
√Čl menea la cabeza y pasa a los otros bancos, examinando el trabajo de mis colegas, sin prestarme atenci√≥n.

Cualquiera sea el bien que desees, es vuestro
He aqu√≠ el SEXTO Y √öLTIMO PODER A APRENDER, a pesar de todo lo que haya para decir: a partir de ese momento fui un hombre que todo lograba, que pronto fue nuevamente propietario de un taller, y luego, de todos los bienes que un hombre desea poseer.
Ruego porque ustedes, que leen este relato, sigan estas reglas y todo lo que ellas implican, pues de ellas depende todo logro y todo lo que los logros impliquen:

Cualquiera que sea el bien que desees, es tuyo. No tienes sino que tender la mano y tomarlo.
Ense√Īa que la conciencia del poder infinito que est√° en ti, toma posesi√≥n de todo lo que est√© a tu alcance.
No tengas miedo alguno, en ninguna forma que se d√©, pues el miedo es una caracter√≠stica de la entidad-negativa.
Si tienes un talento, un oficio, ejec√ļtalo; el mundo debe sacarle provecho y tambi√©n t√ļ.
Haz de tu entidad-positiva un compa√Īero de tus d√≠as y tus noches. Si tienes en cuenta sus opiniones, no te enga√Īar√°s.
Recuerda, la filosof√≠a es un conjunto de argumentos; el mundo, que es tuyo, es una acumulaci√≥n de hechos.

No pidas a nadie permiso de obrar
Ve entonces, y haz lo que hay en ti: no tengas cuidado de los actos que te tornan diferente: No pidas, a nadie, permiso para obrar. La entidad negativa recauda favores: la entidad positiva los concede.

La suerte espera cada uno de tus pasos: t√≥mala, pli√©gate a sus deseos, gu√°rdala, pues ella es tuya, ella te fue destinada. Comienza desde ahora, con estos preceptos presentes en vuestra memoria. Extiende la mano y toma lo mejor, lo que quiz√° nunca has utilizado, salvo en raras ocasiones, y de urgencia. La vida es una situaci√≥n de urgencia permanente.

FIN


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